lunes, 6 de noviembre de 2017

ELE al cuaDraDo

Empiezo escribiendo esto sin mucho sentido, desde la más remota ignorancia podría decirse. Y es que apenas llevo aquí poco más de cuatro meses. Suficientes como para que esté postrado ante mi escritorio relatando estas líneas e insuficientes para tantas y otras cosas que quedan por venir...
Podría tomarte como punto de partida en un sinfín de cosas que me has devuelto y no te imaginas, entre las que se encuentra estar ahora mismo haciendo una de las cosas que más me llena y tenía dejada de lado por falta de motivación: escribir.
Dejándome de rodeos... estoy aquí ahora mismo más por ti que por mí; por el día que es y su importancia y lo que va a suponer para ti y se te viene a partir de hoy.
No puedo ser plenamente consciente del trayecto que has recorrido para llegar hasta aquí porque no he estado, mas supongo que no habrá sido fácil, pero tengo claro que quiero estar en el que recién comienza ahora durante un largo tiempo.
Echando la vista atrás, quién nos iba a decir que a estas alturas seguiríamos aquí y de esta forma... 
Quién nos iba a decir que, desde aquella noche del 24, yo sería una excepción tras tanto tiempo de una cosa que no suele ser habitual en ti y solo el destino sabe por qué tuvo que ocurrir así, y que para mí ibas a ser lo contrario a todo lo que estoy acostumbrado y suele interesarme...
Son tantas cosas en las que me paro a pensar que se me pasa el tiempo... y más que pasarse prefiero que se me pare. Que se me pare como cuando estoy contigo a pesar de lo contradictorio que es decírtelo sabiendo que el tiempo me vuela cuando nos vemos; porque no te imaginas las cosas que debo agradecerte y lo bien que me haces sentir. 
Sentir que cada noche voy a dormirme con tu cariño a través de nuestras llamadas por "Skype" o nuestras despedidas interminables y levantarme con la ilusión y las ganas de leerte nada más abrir los ojos o sentir el impulso de querer hacerlo yo. La sensación de calmarme a pesar de que haya tenido el peor día del mundo o me haya levantado con mal pie. Y buscarte, como si fuese ya rutina, pero rutina de esa de la buena.
Eres un salvavidas para mí por tantas cosas que no te haces a la idea... 
Ni si quiera llegas a imaginarte una pequeña parte de lo que me haces por dentro en todos los sentidos y no podría describirte solo con palabras. 
Incluso me lloran los ojos al escribir todo esto...
No te voy a mentir ni a pretender que me creas, pero llevaba bastante tiempo sin sentirme si quiera parecido, si es que alguna vez he llegado a sentirme así, porque ya no sé...
Pero, te lo he dicho infinitas veces: creo y sé que eres lo que merezco. Por eso sigo aquí a pesar de todo.
Por todo lo que estamos y hemos luchado que no quiero que sea en vano, por la confianza desbordante que me haces tener en ti y a la que no estoy acostumbrado en tan poco tiempo. Porque yo no quiero una persona más para tener ahí por tenerla y porque me haga sentir un par de escalofríos de vez en cuando físicamente y pensar un poco más de la cuenta. Yo he remado mucho para llegar al punto en el que estoy de mi vida y tengo las cosas bastante claras (otra cosa es que luego me salgan mejor o peor), pero nunca había llegado a plantearme tantas disyuntivas buenas desde hace tantísimo tiempo que me asusta.
Yo necesito y quiero una persona que sea fiel a mí, y no me refiero simplemente a serme fiel en el sentido banal, sino que sea alguien dispuesta a compartirse conmigo, a cuidarme sin excederse y a que me deje hacerlo, a preocuparse por mí cuando lo necesite, a estar en los momentos buenos pero sobre todo en los malos y, entre muchas otras cosas, que esté ahí conociendo y viviendo mi presente sin juzgar mi pasado. Y, esa, ahora mismo eres tú, pequeña.
He estado esquivando y evitando tantas cosas durante tantos años, que al final las cosas tarde o temprano te acaban dando en la boca. Y me he tenido que topar contigo de bruces para darme cuenta de que yo también merezco las cosas buenas de la vida en ese sentido.
Estoy cansado de detestar el amor y a las parejas del siglo XXI, y mirar a todas las personas que se tienen unas a otras con repudia y desgana porque yo no he tenido tanta suerte. Y estoy cansado de que cada vez que se presente una persona en mi vida en este sentido acabe convirtiéndose más en expectativa que en realidad.
Pero tú me has hecho traspasar tantas fronteras de mis embrollos mentales que estoy dispuesto a enfocarme y compartirme contigo en ese sentido aun sin saber lo que va a ocurrir...
Hoy por hoy, soy plenamente seguro de que eres la "luz" que necesita mi vida para alumbrarme el recorrido. Ese camino que casi siempre suelo abordar solo y a oscuras porque así lo he querido por alejarme de todas estas cosas, pero, creo que ha llegado el momento de ponerle fin a eso. Al menos es lo que ahora me pide tanto la cabeza como, de vez en cuando, algo que se encuentra un 'pelín' más abajo.
Qué irónica la vida cuando a alguien tan oscuro por dentro por experiencias de las que no te haces una mísera idea se le cruza alguien llamada "Llum" para hacer que ignore todo eso y empiece a ver las cosas con claridad. Desprendes tanto brillo y ya no solo por el nombre... que me contagias.
Creo que el sufrimiento de todos estos años al fin y al cabo merece una recompensa, y creo que estoy preparado para afrontar un montón de muros que me he ido creando por el camino y conocerte. Conocerte exclusivamente a ti y entrar en trance para que deje de pensar en los porqués de las cosas. Sobre todo conocerte y disfrutar por el camino, porque casi todo para mí termina siendo un juego para no hacerme daño y no lo hago.
Quiero perder en ese juego contigo, es más, creo que ya he perdido, y es en lo único que voy a hacerlo - eso tenlo claro -. 
Me has quitado las ganas de seguir pensando y calcular todo para no dolerme por si te vas para que predomine el sentir. Y lo siento, pero ya no hay marcha atrás...
Te miro y veo a la persona que quiero que esté ahí cuando esté mal, a la que quiero que me ayude a transformar mi carácter difícil y a superar las complicaciones del mañana. Eres esa persona que quiero que me acompañe en cada logro de mi vida porque me da lo esencial e incluso más de la cuenta para seguir respirando inconscientemente más que pensar en cómo hacerlo por si me olvido y me sale mal. Me ayudas a ver las cosas buenas de la vida que merezco y generas en mí una motivación por tener ganas de vivir y hacer las cosas que creo que siempre he debido hacer en vez de dejarlas pasar por pensar que yo no merezco nada bueno por mi pasado.
Me das vida, pequeña. Y yo no he tenido más ganas de otra cosa jamás que de querer vivir de verdad.
Quiero volver a hacerlo, y si tengo a alguien que creo que puede darme todas esas cosas que me hacen sentir tan extraño y a la vez bien por dentro, por qué no iba a dejarme llevar?
No quiero que sigas pensando o dubites creyendo que eres inferior a nadie que pueda rodear mi vida por ser diferente a lo que estoy acostumbrado. Precisamente eso es lo que me gusta de ti, que hayas llegado a romperme en tantos sentidos siendo tan distinta.
No quiero que creas que a la primera de cambio voy a cansarme de ti por tu forma de ser y tu carácter complicado o que esté haciendo esto para que cuando seas para mí ya me de igual todo. Creo que te he demostrado que estoy dispuesto a lidiar con cosas que no suelo hacer y a intentar comprenderlas porque sé que va a valer la pena.
Y estoy convencido de que lo mejor por el momento es priorizar tu bienestar y lo que va a ser duro vivir para mí, al menos durante estos días, antes que ser egoísta y hacer lo que realmente quisiera hacer. Yo quiero que tú estés bien porque me importas y no quiero fastidiarte un día tan importante para ti por esto ni que lo hagan por la otra parte. Y si eso implica tener que aguantar un poco más, lo voy a hacer.
Al fin y al cabo decida lo que decida a estas alturas sería hacerme daño por una cosa u otra porque yo decidí arriesgarme con todo lo bueno y no tan bueno sabiendo lo que había, y te dije que gane o pierda prefiero hacerlo dejándome el alma y todo el cuerpo dentro y no quedarme a medias con la cabeza solamente.
Ya te lo he dicho, nadie me había hecho tragar el orgullo de esta manera cuando amenaza con irse cuando está conmigo o de mi vida a pesar de que lo haga por mi bien. Te lo juro que me destrozas solo de pensarlo.
Quiero que confíes en mí al igual que yo quiero hacerlo contigo en todos los sentidos y obviar esas inseguridades que no dependen solo de nosotros porque todavía no nos conocemos tanto.
No necesito venderte nada con palabras, solo quiero que dejes pasar el tiempo y lo veas con tus propios ojos. Es más, tú misma lo dijiste: el último día solo con verte tenía el corazón a mil revoluciones. No puedo fingir todas estas cosas incontrolables que me están sucediendo contigo y todavía no sé muy bien por qué. 
He llegado al punto en el que creo que por una parte te empiezo a querer y por eso me dueles. Pero que me duelas por esto todavía es buena señal, porque sé que lo que me pasa dentro no es ninguna tontería.
Cuando llego a este punto tengo las cosas demasiado claras como para dejar pasarlas por un simple calentón o momento de debilidad. Tú sabes que tengo una parte de mí que he pulido durante todos estos años y me encanta sacar en ocasiones (así te conocí), porque a todos en algún momento nos gusta sentirnos deseados por nuestros miedos e inseguridades. Y yo la he desarrollado en el sentido de que casi cada noche es un juego para mí que va más allá de todo lo que puedo conseguir o hacer y no me aporta nada. Es un desafío en el que me pongo a prueba a mí mismo en un juego mental en el que casi siempre gano yo y acabo consiguiendo lo que quiero, y eso es un poco detestable, pero me ha hecho sentir bien momentáneamente y olvidar lo negativo en muchas ocasiones. Mas si tengo a alguien que me desea y me quita todos esos miedos esa parte de mí desaparece porque no la necesito.
Pero eso no quiero que te lo creas, ni que te de miedo dar el paso por esto, ni que estés preocupada cada noche que vaya a salir. Yo he estado muy tranquilo estas últimas veces que lo he hecho la verdad, pero quiero que lo veas con tus propios ojos cuando esté cada día haciéndote la niña más feliz del mundo y echándoselo en cara a todas las que vengan a intentar impedirlo.
He peleado con un millón de pensamientos y tragado con cosas que no me apetecían y no sé por qué me ocurren por esto como para tirar todo por la borda. Porque eres lo que quiero y nada más.
Y ahora voy a ser el más egoísta del mundo diciéndote esto, pero...: no estoy dispuesto a imaginarme un día en el que ya no hablemos, en apartarme por mis pensamientos o por no dolerte más de la cuenta o que me duelas a mí y saber que has decidido seguir no siendo del todo feliz por el miedo a sufrir y a cambiar las cosas que mereces en tu vida. Es que ya no quiero. Sería tan absurdo todo lo que hemos hecho hasta ahora que no voy a permitir un segundo más el verte triste o rodeada de peleas por muchos días buenos o dudas que tengas.
Ambos sabemos qué es lo que tú mereces, aunque ninguno lo podamos mirar de forma objetiva (tú porque lo sientes y yo porque soy el beneficiado), pero con lo poco que sé, no puedo dejar que sigas prolongando una agonía que tarde o temprano te repercuta en tu vida si es que no lo hace ya.
Quiero que seas libre, libre conmigo, y por eso te dejo esto escrito para siempre.
Te juro que tengo la esperanza puesta en todo esto. 
Supongo que estas cosas acabaremos por controlarlas con el tiempo, pero no te haces ni la más remota idea de lo que es levantarme y que, lo primero que haga, antes incluso que abrir los dos ojos, sea ir a coger el móvil para abrir tu conversación con la alegría de que me hayas puesto algo. Que cada vez que me escribes cuando llevo rato sin estar pendiente del teléfono porque no me apetece se me ponga una sonrisa de oreja a oreja y me brillen los ojos al ver que se pone en primer plano la burbuja de 'chat' de "Mi mamishuula". Levantarse cada mañana suspirando por dentro un: "ay, es mi niña y todavía estoy a salvo con ella", y desde luego verte esa carita de guapa que me llevas y confirmarlo. El ver esa sonrisa cuando me miras con los ojitos más bonitos que se me han cruzado y saber que en parte es por mí me alegra la vida y me da todo lo que necesito para seguir adelante y que estés a mi vera. 
Es pasar un día contigo y las endorfinas, la serotonina y la dopamina me revolucionan el cuerpo.
Porque cada día que hemos pasado juntos ha sido cada vez más especial y bonito y se me acumulan más cosas: a pesar de las ideas que traía en mente, de hacernos daño involuntariamente en ocasiones y de estar rato sin dirigirnos la palabra y enfadados. Porque los sentimientos o lo que sea que existe entre tú y yo hacen mella y eso quieras que no es lo que me salva. Me salva el no aguantarme las ganas por dentro ni un segundo de acariciarte, darte un beso o preguntarte si estás bien pese a mi orgullo. El ver que, a pesar de las expectativas que traemos y nuestras dudas, nos miremos a los ojos y sintamos que somos lo que necesitamos el uno del otro. 
Porque me rompe por dentro y no me apetece estar mal un segundo contigo.
Y cuando nos evadimos y nos olvidamos de que existe cualquier problema por miedo a todo y nos dedicamos a darnos cariño me compensa cualquier cosa.
Es lo que quiero cada día de mi vida. Ver esa sonrisa cada puto día y ser feliz; esa sonrisa me hace la persona más feliz del mundo ahora mismo, y quiero que cada día de tu vida la tengas en la cara puesta porque es lo que mereces. Y sobre todo levantarme cada mañana y poder verla a mi lado nada más abrir los ojos. 
Cómo voy a tener un día malo si me veo reflejado en esos ojitos y sabiendo que la sonrisa más inocente y genial del mundo es para mí...
Porque me duele en el alma saber también lo que has tenido que aguantar y que has soportado más de lo que deberías por cómo eres, y no me apetece que lo pases mal ni un solo día más del resto de los que te quedan.
Quizá la manera de haberme entrometido en todo eso que tenías no fue la más correcta, tampoco la culpa fue mía del todo, pero, si te digo la verdad, no hay un solo segundo en el que me arrepienta de haber aparecido en tu vida y que cambies lo que tienes (que solo sé lo que es en base a lo que me has contado y visto y sé que en el fondo tampoco es tan malo) por lo que te quiero dar yo.
Quiero estar todos los días buenos y malos a tu lado, superar los obstáculos que conforman el evolucionar y crecer y hacerlo juntos, y destrozar los malos momentos que se nos presenten de la mano; incluidas las peleas que podamos tener por malentendidos porque no todo puede ser perfecto. Pero vamos a intentarlo; a intentar dejar boquiabierto al mundo y que nos envidien de lo que nos vamos a querer, y que se queden confundidos viendo que hasta lo peor que nos pase termine con nuestros besitos que lo arreglan todo.
El resto me da igual, pero quiero que nos envidien mucho.
Al final las personas somos felices con menos de lo que pensamos, y ahora mismo, parte de culpa de la mía la tienes tú.
Nos pasamos la vida buscando la forma de serlo y complicándonos-la sin darnos cuenta de que las cosas más inesperadas son las que más terminan por sorprendernos. Te juro que estoy aquí por esto: por ti, por mí, por un posible nosotros... por todas las cosas que estamos pasando sin que seamos conscientes... (que son seguro más de las que sí somos) Literalmente llevo muchísimo tiempo sin sentirme así, y sé que todavía me miras dubitativa cuando te digo que eres todo lo que necesito ahora mismo, pero es la verdad; tan real como todas las cosas que me haces sentir por dentro y fuera cuando me miras y oigo tu voz que me encandila y me hace olvidar todo lo malo de este mundo o que he pasado. Como todas mis lágrimas derramadas por lo bueno y lo malo o mi corazón acelerado cuando te siento cerca. Sé que has venido con todo lo que tienes detrás encima, con esa mochila que te pesa por todo lo que has pasado y no quieres mostrarme, que te ves pequeña a mi lado para muchas cosas y eso te atemoriza, pero yo estoy dispuesto a compartir esa mochila cuando el tramo se te haga pesado sin que tú sepas que, probablemente, me ilusiona el hecho de que seas una excepción de todo que quiero comprender en todos los sentidos habidos y por haber. No tengo ni puta idea de por qué has venido así a hacerme esto (tampoco quiero saberlo)
Tú lo llamas destino, yo prefiero dejarlo en que es lo que tenía que ocurrir. Todas las cosas que hemos soportado y pasado en tan poco tiempo para llegar aquí me parece que tienen un motivo. No me preguntes cuál ni por qué, de lo único que estoy completamente seguro es de que has venido para hacerme mucho bien, pequeña.
No creas mis palabras, insisto. Al fin y al cabo las palabras son solo eso: palabras.
Cree en mí, mis actos y mis gestos. Creo que no se me iluminaban tanto los ojos desde... mejor dicho, creo que nunca se me han iluminado tanto los ojos como cuando te miro y me sonríes y no puedo disimularlo. Esa sonrisa me vuelve putamente loco. Es un balazo en cada órgano vital que me fascina por el sacrificio que estamos haciendo para conseguir todo esto.
Se me pasan tantas cosas por la cabeza en ese instante...
Se me acaba el aire cuando estoy contigo y tú me lo das.
Eres un “huracán” de sensaciones y yo un puto “desastre”, pero creo que a todo eso le queda más bien poco, o al menos, vamos a ser tan capaces de generar una simbiosis entre dos cosas tan dispares que nos vamos a hacer tanto bien mutuamente que nos va a dar hasta miedo.
Pero, qué gracia tiene la vida sin el miedo?
El miedo a arriesgarte, a dar un paso hacia adelante sabiendo que las cosas van a cambiar a pesar de nuestros pensamientos y de lo difícil que es tanto para ti como para mí... Cuántas cosas de las que teníamos miedo a que ocurrieran han sucedido ya y mira dónde seguimos... No quiero continuar pensando en ello, simplemente quiero dejarme llevar contigo hasta donde duela, pero hasta donde duela de quererte. De momento te quiero para mí. Para cuidarte, para mimarte y para darte más besos por todo el cuerpo de los que te han dado en toda tu vida.
Porque la cabeza me dice por dentro que si el día de mañana vas a estar un solo instante mal, yo también. No voy a dejar que eso ocurra. Y si tiene que ocurrir, antes prefiero estarlo yo que lo estés tú.
Alguien tan preciosa no puede pasarlo mal ni un solo segundo... Quiero verte y pensar cada día en lo afortunado que soy. Mirarte de lejos mientras te veo venir y decir: Joder, esa es mi niña, y es la más bonita de todas... Creo que me tiraría toda la noche escribiendo un montón de cosas que seguramente no tienen un porqué. Te diría millones de tonterías que prefiero sentir que decirte o que tú sientas que me ocurren a mí, o podría seguir siendo repetitivo que aun así no me cansaría de insistir en lo magnífica que eres...
Haría tantas cosas contigo y por ti. Y las vamos a hacer... Vas a ser mi flor particular. A una flor hay que regarla y darla cariño a menudo. Eso es lo que tú necesitas y lo que me apetece darte. No puedo prometerte nada porque entramos en el dilema de que nada es exacto y pueden cambiar tanto las cosas que sería una pena, pero lo único que sí te puedo asegurar es, que si todo sale como tiene que salir, voy a ser el chico más feliz y envidiado de todo el mundo y me voy a encargar de que todos sepan lo feliz que me haces tú.



Pero ya basta de hablar de todo lo que nos envuelve, yo estaba aquí por ti. Porque a pesar de que no fuese el motivo principal por el cual empecé a relatar esto, es un resumen de lo que te espera y lo que ya existe. Lo que ocurre es que no tengo tantos conocimientos sobre tu persona y tus experiencias ni hemos vivido tantas cosas en este lapso de tiempo como para empezar a recordarlas. Sí que hemos intensificado estos meses con esto: con nuestros secretos, nuestra manera de jugar y con todo el riesgo que eso conllevaba. Me he divertido y disfrutado muchísimo pese a los malos ratos con el sentir de por medio. Y las veces que nos hemos visto ya cuentan para el recuerdo de las cosas que vamos a compartir.
Pero todavía nos quedan tantas cosas a partir de hoy, que espero que dentro de un año esté sentado aquí escribiendo, con propiedad y conociéndote, lo que significa que cumplas años a mi lado y recordando lo vivido. 
Y es que cuando el "destino" y la ilusión de ambos quieren que estas cosas sucedan, al final creo que recordaremos toda esta mierda como algo que habrá valido la pena para encontrarnos donde nos encontremos el día de mañana.
Ya no puedo sacarte de la cabeza ni de mi vida, y espero que celebres cada cumpleaños a partir de ahora conmigo presente.
No me cansaré de repetirte que los mejores días están por venir. Ahora todo lo ves como algo nuevo e ilusionante por lo que significa la mayoría de edad, pero en el fondo tampoco es tan así. Eso lo irás descubriendo tú e irás aprendiendo sobre la vida conforme pasen los días. Esos días que quiero compartir contigo a medida que veo que creces y vas cumpliendo todas tus metas mientras permaneces a mi lado.
Hoy es uno de los primeros; de los más importantes que están por llegar. Hoy empiezas a ser libre y a depender solo de ti. De ti y de nadie más aunque cueste asimilarlo. Y yo quiero compartir esa libertad contigo mientras te haces mayor y te conviertes en quien tú quieres ser sin depender de lo que te han impuesto hasta ahora.






Desde la más remota inopia e incertidumbre por descubrir quién eres, te deseo que pases el mejor cumpleaños que hayas tenido hasta ahora, y que a partir de hoy, empieces a ser quien tú quieres ser y seas feliz en todos y cada uno de tus días y sentidos de tu vida.

Felices 18, amor.



😍😚 x millones. 

jueves, 6 de julio de 2017

De vuelta al charco

Suena a plenilunio "Victoria", canción de Keny Arkana; una de esas sonatas que años atrás fueron himno para alguna de mis noches de escribir todo lo que mi cabeza contenía.
Estoy en vilo, de vuelta a mi propio charco repleto de bruma y pensamientos turbios, haciendo lo que más me gusta.
Decidí apartarme de esto por mis experiencias, una vez más...
Porque al fin y al cabo siempre todo me sale mal, o mejor dicho: no como espero, aunque también es lo gracioso de la vida, y, pese a que escriba por y para mí (frase que ya voy a transformar en un clásico de mis escritos), la motivación que me acontecía por aquel entonces, decidió evaporarse sin motivo...
Todo eso quedará en la inopia y en entredicho, porque no soy alguien que hurgue en el pasado cuando le decepcionan más de una vez. No soy como el resto. Sencillamente, soy un cobarde, o, que no me gusta hacer el tonto ni apostar más de la cuenta por algo que no tiene sentido, más bien.
Escogí apartarme, porque escribir me llena pero a la vez me vacía, me encoje el alma sensible que atesoro y no estaba dispuesto a yacer sobre esa mierda de nuevo.
Distanciarme fue la solución.
A pesar de todo no he dejado de escribir, de hacer breves escritos o desnudarme con frases o pensamientos que me envuelven durante mis días. Simplemente quise alejarme de todo esto, pasar a un segundo plano.
Me fui. Me fui a un lugar - mentiría si digo que mejor - pero un lugar, cuya paz y tranquilidad eran el pan de cada día.
Estuve allí, intentando volver a mi yo de antaño; intentando recuperarme, pero, a quién voy a engañar... jamás voy a volver.
He vendido mis principios para sobrevivir.
Abiertos los ojos, quise adaptarme. Quise hacer llevadero todo lo que se me hacía nuevo. 
Me fui lejos, pero lejos de todo. No solo físicamente, sino de todo lo que abarcaba mi vida: de la inercia, de mis pensamientos anteriores... 
Volví. Volví más perspicaz que antes de irme, pero no de la manera que intentaba reencontrar en mí. 
Volví, más observador que antes, más inteligente y más pasota. Dichoso remedio.
Estudié las circunstancias. Decidí pasar de todas las opiniones, hacer en cada ocasión lo que me apetecía... (jamás he sido alguien que se adapte a las masas)
Seguí observando. Me integré. Incluí aquello que había dejado hace muchos años, aquello que un día me las hizo pasar canutas, pero hoy, corren otros tiempos menos complicados para todo eso...
Me disfracé de la edad que no me corresponde; aunque tampoco creo que sea cosa de la edad, pero me metí donde ya no me toca. De nuevo...
Me cansé de escuchar consejos. De tener en la oreja a los de siempre con los mismos comentarios pensando que me volvería a perder. Y eso me demuestra que ni quien más me conoce lo haga realmente.
- Sé lo que hago - respondía siempre (si es que lo hacía)
Me volví un manipulador benevolente. Con un motivo: divertirme pero sin molestar a nadie. Para volver a ganar yo.
Tenía claro que quería volver a mis 16. Ahora tengo un control sobre mi persona que antes no tenía. Y lo tenía claro. Quería pasar por ello de nuevo pero con lo aprendido.
Y es sencillo. Es muy sencillo rodearte de gente tan simple que solamente tiene una preocupación e interés en la vida.
Aquello pintaba bien. Quise seguir jugando a ser un niño, en parte, porque a mí me robaron una parte de adolescencia, y ahora la estoy recuperando. De distinta manera. Pensando. Porque cuando eres un chaval todo es mucho más simple. Te ampara la ley, te protegen tus padres y no piensas ni en porqués ni consecuencias...
Pero ahora me pongo a prueba con un reto mucho más complicado.
Complacer a chavales de una capacidad todavía en pañales sobre la vida que creen que saben todo; los mismos que se toman la molestia de intentar darme lecciones cuando lo único que hago es hacerme el incomprendido.
Ay, la vida triste. Los niños del barrio que se ven en la cima a edades tempranas. Los mismos niños que crees que tienen todo y son plenamente felices con sus colegas y solo están buscando una manera de evadir sus complejos.
Estoy con ellos casi a diario. Los veo en grupitos de veinte como mínimo. A alguien común le extrañaría o envidiaría la capacidad social que amparan, pero, cuando los veo a todos juntos, los veo solos. Estoy con ellos y me siento solo.
Solo veo intereses. Unos a otros haciéndose jugarretas cuando se supone que minutos antes eran los mejores colegas de la faz de la tierra. Mintiéndose y ocultándose cosas a espaldas. Pero el interés es mucho más amplio. Y con la droga de por medio se multiplica.
Al mismo que defienden previamente luego tachan de algo negativo. Y así funciona todo esto, simplemente tienes que saber vivir con ello.
Y, quién me dice a mí que cuando no estoy presente no hagan lo mismo conmigo? por su puesto, está claro que lo hacen. Porque he visto hacerlo a todos y cada uno; a algunos que luego parecen y dicen que son los mejores amigos del mundo. 
¿cómo no lo iban a hacer conmigo si la mitad me importan lo que viene siendo nada y tampoco es que lo disimule?
Pero que aprovechen, que aprovechen ahora. Ojalá yo hubiese sabido pensar a su edad. Los veo tan perdidos, como me perdí yo en su día, solo que ellos se lo toman a cachondeo como si todo lo que les ocurre no fuese tan grave. Como si las drogas y los líos en los que se meten no tuviesen importancia.
Me ven tan cambiado que no me toman en serio cuando me tomo la molestia de advertirles, y, lo más triste, es que más de uno sabe cómo fui a su edad. Cómo fui el más gamberro e hijo de puta por aquellos tiempos... pero en cambio, se quedan en lo triste que parezco ahora, sereno, "maduro"... y eso les queda muy lejos todavía. Ellos verán. No soy quién para privarles de lo que quieran. Es su infancia, y yo viví la mía casi como quise.
Solo les falta tiempo. Tiempo para darse un par de hostias bien grandes y saber que la vida no es solo esa mierda que les rodea.
Ahora se ven como reyes. Se ven en la cima por mover y por pegar y timar a cuatro chavales, pero dales un par de años, que pocos de estos permanecerán juntos.
La mayoría rozan los 18, el límite del todo y el nada, y muchos de los mismos, que hace poco lo rebasaron, hoy en día se sienten todavía más orgullosos de sacar pecho por ser así y flirtear con el peligro.
Para hacer todas esas cosas que tanto anhelaban y de las que pronto se cansarán si no les come la vida. Porque los 18 tampoco son ningún límite de nada. Puedes entrar en asociaciones, en discotecas... pero para la vida seria tampoco son gran cosa. Ya ni mención hago a todos los chavales que son mucho más jóvenes que eso y están sueltos por ahí haciendo lo mismo, pero esto es un 'ghetto' (o más bien dicho, un lugar donde todo lo que se aprende entre una panda de pringados que se creen los reyes de un barrio de pantomima se mezcla)
A la mayoría de todos estos no les distingue de una persona que no cree en sus habilidades sociales y tiene fobia de tratar con la gente. Solo les diferencia una cosa: su habilidad para tratar con las personas sin que les afecte. Y yo soy de las que tienen capacidad para ambas: para tratar con las personas y para que me afecten sus gestos y acciones.
He visto a críos saludar a cinco personas en cada esquina de mi barrio pero luego no salir con nadie. Porque están solos. 
El panorama es una selva. Los cachorros cada vez crecen antes. Con 12 años ya están inmersos en toda esta mierda, y teniendo hermanas pequeñas la verdad que me asquea. Me apena, me entristece. Y a la vez, me enorgullece. Tuve suerte. Tengo una buena familia con unas directrices bastante claras y distintas que las de todos estos críos.
Los he observado a todos durante estos meses, expectante, y debo deciros: que casi ninguno me aporta nada. No aportáis nada a mis días.
He tenido que estar tardes enteras que me han pasado volando sentado en un banco, viendo la indisposición y la falta de ganas de vida e intereses que tienen. He tenido que fingir que me caéis bien, daros la mano y saludaros como si me importaseis. He tenido que dejarme vacilar por niñatos solamente para darles el capricho de sentirse superiores, pero la mitad no valen un "chavo". No daría la cara por ninguno de ellos.
No os debo nada y no quiero que me debáis nada a mí porque solo habéis sido palabras durante un tiempo necesario. Palabras incumplidas e intereses. Y yo callo y finjo. Pero también callo y observo. Pero, digamos que así funcionáis todos. ¿Por qué yo no?
La diferencia es, que a vosotros os absorben las drogas y el entorno; yo todo lo que hago es plenamente consciente y premeditado. Y no necesito depender de todo eso como si no hubiese mañana.

A los hechos me remito.
Tan solo sois marionetas movidas por alguien que os impone más respeto del que imponéis vosotros o intentáis ir de algo que habéis visto por ahí que mola mucho. Y ya sé de qué palo vais todos y cada uno de vosotros.
Estoy deseando que llegue Agosto con ansias para perderos de vista a la gran mayoría. Septiembre volverá y todo será distinto. 

Yo no prometo nada, no soy del rollo que vais por la vida si no sé si voy a poder cumplirlo, pero os aseguro que, durante todo este tiempo, pocos habéis tenido la mala fortuna de saber quién soy, pero yo sí sé quién sois casi todos porque sois transparentes. Y sois todos iguales.
Por algo me fui. Y me fui para bien y con la mentalidad limpia, pero pensar que iba a regresar para lo mismo... qué poco me conocéis y qué orgulloso estoy de que sigáis sin hacerlo.






lunes, 20 de febrero de 2017

Fuiste más palabras vacías que realidad

Dos veces la misma historia. Dos veces huyendo de la misma forma. Prometiendo venir a verme. Ya no digo venir a Zaragoza ni ir a Barcelona porque exclusivamente te apetecía todo eso que decías de mí - cosa que ya sabía que no era verdad - si no que ni si quiera tienes el valor para decirme que no lo ibas a hacer por 'equis" motivo o porque no te daba la gana y, pese a tu auto engaño el cual pretendes hacerme creer que es casual y espontáneo por no saber darme un motivo para pirarte o darme explicaciones que ni merezco ni te apetece compartirme, denotar que yo no tengo importancia dentro de tu vida. Con tus cambios repentinos de un día para el otro: pasando de "interesarte" y estar "bien" conmigo, a tu puro pasotismo cortante sin motivo aparente.
En ningún momento del transcurso de esto pedí que "sintieses" o pensases como yo, ni mucho menos parecido, pero sí creo que, si tan "humana" eres, me merezco una mínima atención sin que tenga que comerme tus borderíos y pagar tus mierdas, al menos para que me digas que no quieres verme, que no vas a venir porque tus amigos que son prioritarios van a verte y por ende no bajarás o que estás hasta la polla de mí. Pero no, es mejor que siga adivinando e intuyendo que no quieres nada mío mas que esté ahí por ti para cuando te aburres.
Luego dime por teléfono eso de: no, fíate esta vez de mí, que te diré cuando bajo; que aunque no vaya te avisaré; que intentaré ir a Zgz si es lo que te hace ilusión (y tal vez ese es el motivo: que me hacía ilusión a mí y no a ti); que quiero verte a ti y dormir contigo, que a "..." puedo verl@ cuando quiera, y bla, bla, bla...
¿Pero tú te crees que nací ayer o soy tan imbécil?
si ya sabía que volverías a hacer lo mismo o a liármela de alguna forma, pero no sé por qué tenía una ligera y última esperanza puesta en ti.
¿Pretendías que en algún momento te hablase yo para preguntarte sobre el tema o cualquier otra cosa si cuando lo hacíamos me quitabas las ganas inmediatamente ignorándome o con tu 'soserío'?
¿Sabes qué? estaba cegado porque estaba en el agujero. Pero..., ¿sabes qué también? te necesitaba. Te necesitaba para ver que estaba perdido y tirando otra vez mi vida por la borda. 
Necesitaba irme y dejar todo atrás, pero necesitaba también tener un bache por el camino (tú) para perder los papeles y desordenarme cada vez que daba un paso para "volver". Como antaño. Como con quien tú sabes y no tengo reparo en hacer referencia.
(Voy a hablar para mí, porque a pesar de tus palabras a ti no te han interesado jamás mis logros ni has mostrado mucho interés en saber de mi vida desde que me fui)
Ahora estoy enfocado en unos objetivos. Sin distracciones, sin hacer el 'cateto' para llamar la atención de quien no me interesa y dándole prioridad e importancia a lo que la tiene. Dándome igual los comentarios y pensamientos ajenos. Como mi "yo" que tanto echaba de menos... y me quiero así porque es lo que merezco.
He vuelto a lo que me hacía liberar endorfinas, y... ¿sabes qué? me siento mucho mejor y despejado.
He vuelto a sentir predilección por las letras, y... ¿sabes qué? no solo por escribir. No, no... también por leer; empezando por tu recomendación la cual pienso terminar pero quiero sacarme de encima.
Y por encima de todo: estoy dedicándome tiempo a mí. Tanto a mi futuro, como a nutrirme de conocimientos otra vez y a mi bienestar físico y mental.
No voy a cambiar mi argumento ni a rectificar nada de lo que te he dicho, pero... ¿sabes una última cosa? ya no te necesito. 
Puede parecer egoísta, pero al igual que tú lo has sido después de intentar estar ahí por activa y por pasiva, sin una etiqueta, haber luchado contra tantas cosas e incluso haberte intentado demostrar, yendo, e incluso verbalmente, cuando te apetecía hacerme caso porque no te quedaba otra, que iba a quedarme. Fuera como fuese. Como uno más.
No eres especial. No lo has sido en ningún momento a pesar de que esté malgastando otra vez mi tiempo en ti. Porque las personas que considero especiales son las que merecen de mí tanto como ellas me aportan a mí.
Me has devuelto muchas cosas, no voy a negarlo; me has enseñado otras nuevas porque de todo se aprende, pero sobre todo, me has hecho volver a ser alguien desconfiado en ocasiones y a "luchar" por algo que no tiene sentido a raíz de lo que me aporta y esa mierda me sobra. Tan solo me querías cuando y como a ti te apetecía: antes y después de ir.
Solo eres otra puta, distinta, por la situación que nos acontecía y mi pasado, pero otra puta más del montón que estaba dispuesta a jugar conmigo como pasatiempo por su fobia a no saber colocar sentimientos demasiado reales dentro de su vida ni saber cerrarles la puerta como es debido (y no me refiero al amor de pareja)
Y, sorpresa: tú has tratado con muchos "cabrones" incapaces de llenarte en un sentido en concreto por diversión o vete a saber tú por qué, y por, perdona que me meta donde no me llaman por no saberlo con exactitud, problemas exclusivamente tuyos, pero tú tampoco eres la primera persona que está dispuesta a marearme por su interés y beneplácito sin importarle cómo me siento.
Lo siento. Bueno, puestos a ser sinceros: no lo siento. Lo sentía porque me notaba culpable de algo que no pedía yo por ser un símil de algo que ya había vivido pero con sus ligeros matices.
Por eso me marcaste tanto: porque inevitablemente, una parte de mi apego hacia ti, era un recuerdo reencarnado de algo que ha estado ahí durante mucho tiempo enquistado pero ya no me traumatiza ni importa a pesar de que tú creas que sí. Pero, sensatamente, no me has aportado nada positivo mas que palabras de esperanza para que siguiese ahí, cuando tú sabías que no querías ya que estuviese.
Y, te lo repito: no voy a negar nada de lo que te he dicho porque lo pensaba así y así mismo lo quería sentir en ese instante: sin ponerle nombre a nada, divirtiéndome con esto sin dar explicaciones a nadie y sin que mis experiencias aflorasen en ningún momento. Pero tú buscas otras cosas de ciertas personas que aparecen en tu vida en un sentido en concreto, o al menos de mí, más allá de ser un capricho momentáneo como los anteriores que yo no entiendo ni quiero a estas alturas porque me estabas volviendo loco. Y yo estaba dispuesto a ser eso porque ni creo que, a pesar de lo distinto que era y lejos que fuimos, era mi primera experiencia así y dudo mucho que la tuya; cada uno con sus cosas externas y sin ninguna explicación sobre lo ajeno porque somos libres y cada uno tiene su vida a parte. A ambos nos parecía bien, pero, realmente: "aquí ninguno de los dos somos tontos", y yo, precisamente, me considero bastante observador e inteligente en el sentido al que me refiero y no me apetece seguir haciéndome el tonto como si no ocurriese nada que no me afectase de lo que te haya sucedido a ti o a mí, otra cosa es que sepamos hacérnoslo muy bien y a los dos nos pareciese correcto. Pero a mí ya no por lo que tengo y las consecuencias.
Quizá te pensaste que quería enamorarme o estar contigo en una relación formal, y esa no fue mi intención en ningún momento porque esas cosas tampoco se buscan ni se fuerzan. 
Cuando volví de Ibiza se me fue el pan, me puse nervioso y se me juntó todo (por eso de irme a Valencia y eso, digo) pero luego en claro, sabía que era una locura y cavilé todo como es debido. A ti también se te fue la olla en su momento y tampoco le dí muchas vueltas.
No te veía ni me veía capacitado a mí para eso, y mejor dicho: ninguno de los dos lo queríamos aunque fuese crudo dar un paso atrás. Pero tu manera de alejarte de mí, sacarme de tu vida o tenerme como a ti te interesa, no concuerda con lo que quiero ni mi manera de pensar. Así que la rehuso al mismo tiempo que me despido de ti.
Soy alguien que se rodea de pocos, y es porque en mi entorno solo quiero personas que merezcan la pena en base a lo que demuestran después de dar yo, quieran estar ahí y quieran compartirse y compartir ratos conmigo. Puedo parecer muchísimas cosas, he tenido mis subidones y bajones y mis rachas buenas y malas, como todo hijo de vecino, pero, en mis peores y mejores condiciones sigo siendo el mismo, con los mismos pensamientos y las mismas ideas de forma de vida ideal que se escapan de lo común o socialmente aceptado. La única diferencia es que, según en qué condiciones me halle, puedo llevarlas a cabo y defenderlas de una manera o necesito convertirme en alguien hipócrita para sentirme realizado y bien con el entorno que no me llena. Y, ya sean como sean algunos, sé de sobras lo que tengo y lo que no necesito. Y, una cosa es que esté dispuesto a estar para rompernos en el sentido que sea de vez en cuando, pero yo no necesito ir detrás de nadie para no conseguir nada por tenerme como capricho en sus ratos muertos ni merezco pagar los problemas internos de alguien que ni si quiera muestra la mitad de interés e ilusión por mí o por contarle sus cosas como lo hago yo.
Al fin y al cabo desde el minuto uno tú has sabido más sobre mí que yo sobre ti porque así lo decidiste.

PD: Tal vez utilizar la palabra "eres" es arriesgarme demasiado porque no lo sé con certeza, pero lo que a mí me gustaba de lo poco que sabía de ti era tu manera de pensar. Mas por lo poco que he visto y sé, lo de tus intereses, las cosas que te "molestan" de la sociedad o que no veías elocuente en mí y todo lo "social" que defiendes lo dejaré como un tema apartado porque me parece un tanto hipócrita según con quién estés o cómo te encuentres... pero bueno, todos somos un poquito así según nos plazca.

¿te parecía que todo lo que escribía por esperar algo de ti que no iba a llegar y creía que quería era con odio y sin motivo? 
No sabes todo lo que guardaré, he visto y callado, ni lo que ya sabía antes de que tú me lo dijeses o crees que no sabía y sé por mi cuenta que me dejaré como recuerdo...

¡Que te jodan a ti y a Las Filipinas!


sábado, 31 de diciembre de 2016

Año nuevo, misma vida

La navidad no es una época del año que disfrute en exceso. Es más, me claudico como detractor confeso de dichas fechas, la falsa felicidad y los valores ficticios que reúne. 
Debe ser porque supone recordar el transcurso del año entero, analizar lo bueno y lo malo que dejas atrás, a las personas, el sentirme obligado a hacer cosas que no me apetecen porque así se supone que funcionan estos días... y eso para mí ya es una rutina con la que peleo a diario.
Para mí es una época de tristeza; no sé si porque echo de menos en este instante a mi abuelo, que es lo que más me hace falta en días como los de hoy, o porque me da pena ver a la gente actuar en contra de su voluntad y fingir a familias para dar una imagen inverosímil al resto; más allá del positivismo y del ponerle buena cara a los problemas que puedan contener.
Llevo 3 meses en Zaragoza, alejado de mi familia, de los míos... porque debía y quería hacerlo. Pasando un frío de la hostia día sí y día también. Un frío que te quita las ganas de levantarte de la cama y de vivir, pero combatible por el simple hecho de pensar en por qué estoy aquí.
Echo de menos Barcelona, mi ciudad, la más bonita de las que puedo valorar con conocimiento de causa. 
Echo de menos muchas cosas desde que estoy aquí. Muchísimas. Pero eso no significa que deba volver ni rendirme, no significa que no quiera ver a los míos a diario y salir de currar y poder verle la cara a personas que me apetecería.
No quiero decir que las personas debamos huir para darnos cuenta de ciertas cosas, pero a veces, sí pararnos un poquito a pensar en lo que tenemos y no valoramos porque pensamos que va a estar siempre ahí.
Este final de año estoy distinguiendo más que cualquiera el verdadero significado de la nostalgia, el realmente darme cuenta de que soy afortunado de las personas y cosas que tengo y no aprecio comúnmente, de las que voy recuperando por circunstancias o achicando de cara a mi orgullo porque creo que me las merezco y a veces no me detengo a pensar en ellas.
Esa es mi "Navidad". O como prefiero llamarlo: mis días para descansar y disfrutar de la familia más de lo que me gustaría hacerlo habitualmente. De la familia de sangre y de la que escogemos.
Pero sin rozar la hipocresia, sin querer arreglar algo que esté muerto o roto forzosamente solo porque en los anuncios de la televisión y en las marquesinas me inciten a ser más feliz estos días.
Lo único que quiero es estar con esas personas, con los mismos problemas de siempre que tengo con ellas y que no se van a solucionar ahora porque sea "Navidad", pero con ellas.
Muchos enfocáis estos días en el consumismo, vais estresados por querer ponerle valor a las personas con cosas materiales, en los regalos que se supone que van a medir la felicidad y el amor que tenéis hacia las personas que estimáis...
No voy a ser el mayor hipócrita de todos ni soy un radical. No he dicho en ningún momento que no crea que se deban tener detalles con vuestros respectivos allegados, ya sean materiales o del tipo que cada cual valore.
Pero, ¿de verdad seguiréis poniendo precio a unas fechas que os regalan para disfrutar de la familia? 
¿Tiene que ser ahora cuando decidáis hacerlo y no cualquier día del resto del año porque sí?
¿Debe ser en estas semanas cuando subáis tropecientas fotos de la abuela a la que tenéis que ver sí o sí en la comida familiar y que se supone que tanto queréis y no ningún día del resto del año pudiendo verla igualmente?
Es solo un ejemplo de tantos, pero, ¿y el primo al que podéis ver cualquier otro día y no lo hacéis porque os da pereza y ahora se convierte en el mejor del mundo?
Mi "Navidad" este año es regresar a casa, y este debe ser uno de los primeros años en los que he deseado que se acercasen estas fechas con ilusión.
Mi regalo de "Papá Noel", "Reyes Magos" o cualquier celebración estúpida que implique regalar cosas porque no sé quién dijo un día que debía ser así, es tiempo. Tiempo, porque es lo más valioso que tengo y lo único que no se puede recuperar. Y yo no sé quién va a estar ahí el día de mañana para compartirlo conmigo. Sé quien está ahora, y quizá sea tarde cuando quiera regalarlo.
Esta es la "Navidad" que a mí me vale y no tiene porqué ser la vuestra.
A mí me podrá tachar de consumista el que no me conoce por lo que ve de cara a vuestro circo de payasos como ya dije en su momento, pero no sabe mi situación, no sabe lo que trago y lo que me ha costado llegar para tener eso, pero eso no determina que durante este lapso deba hacerlo porque me lo metan en la cabeza, ni para mí ni mi familia.
El que me conoce sabe cómo soy, lo poco que me gusta que me inviten por no saber cuándo podré devolverlo, lo poco que me entusiasma derrochar y gastar y lo que para mí realmente tiene un precio que va más allá del monetario.
Quizá he fluctuado algún principio momentáneamente porque tengo carencias que intento asimilar y sobrellevar con otras cosas. Porque estos meses me ha venido todo de golpe y porque he estado algo más solo que de costumbre y más centrado en mí que en las cosas que merecían mi atención y también eran importantes.
No he vendido mis ideas para superar los pensamientos adversos y personales que envuelven a mi familia para llenar vacíos, pero sí que me he permitido el lujo de darme algún capricho con el dinero que he ganado con el sudor de mi frente por todo el tiempo que he estado sin poder hacerlo.
Este año he hecho millones de cosas en contra de mi voluntad para soportar mi vida, así que esa tampoco iba a ser la primera, pero no estoy del todo disconforme.
Mantengo mi esencia y mis fundamentos. Así pues, tampoco estoy aquí mas que para echar el grito públicamente de lo que me parece discordante, no para dar lecciones porque yo tampoco os conozco ni sé de la mayoría de vuestros problemas.
De lo que siempre estaré muy orgulloso de decir, es que pocos son los que de verdad se acercan a conocerme sin dejarse llevar por las apariencias. Pero eso se debe al tiempo que me han dedicado, porque se supone que me quieren, como yo quiero a quien dedico el mío, igual que vosotros a los vuestros.
A mí no me gusta hacer propósitos de año nuevo, creo que son metas ficticias. Tan solo pasamos a cambiar el número final de una fecha.
El mundo no va a cambiar su forma, las personas y sus problemas y pensamientos no van a transformarse solo porque otro año ha comenzado. Así que, yendo al grano, no me gusta hacerme propósitos, mas creo que las cosas pueden retomarse cuando somos capaces porque hay ganas y poco a poco.
Quiero volver a leer mucho, a interesarme por las cosas, a escribir sobre la sociedad y lo que me entristece como antaño, a hacer crónicas, a recuperar las ganas, que es lo fundamental para que empiece a hacerlo, y a administrar mejor mi tiempo. A lo que era hasta hace no tanto, a mi otro "yo" de verdad...
Como ya he dicho: lo vital son las ganas, la mentalidad no va a cambiar de un día para otro. Es como en las dietas que te propones sin éxito: "Hoy empiezo porque empieza el año", "mejor mañana que es Lunes y empieza la semana". Son maneras de prolongar las cosas que realmente carecen de nuestras ganas para ser realizadas. Y quizá podamos llevarlas a cabo en el momento que digamos radicalmente, pero si no las aplicamos progresivamente, no suelen ser cosas que podamos mantener en el tiempo. Es ahí cuando se produce el "efecto rebote" cuando nos cansamos. 
Por eso no me voy a proponer nada que ahora no sea capaz de realizar, pero no quita que quiera hacerlo.
Me echo de menos mucho, y la mayor parte de culpa la tengo yo como cada año. Pero eso dudo que cambie porque empiecen a contar de cero otros 365 días.
La "Navidad" os; mejor dicho: nos vuelve gilipollas. No obstante, eso no es algo que vaya a cambiar tampoco en un periodo a corto plazo. Porque todos nos quejamos pero casi nadie mueve un dedo mas que por sí mismo para hacerlo.
Parece que en cada tienda te den un disfraz con falta de personalidad estándar durante datas como en las que nos hallamos.
Cualquiera, pero sobre todo el trabajador que está en contra de estas fiestas y se expone a "hacer el ridículo" con gorritos y adornos en su uniforme, porque a su jefe, que probablemente él no los lleve, porque es "Navidad", o a partirse la espalda diez veces más y cobrando lo mismo solo por eso: porque es "Navidad", en vez de reivindicar sus pensamientos, es, a mi modo de ver, en cierta manera admirable.
Admirable, porque entiendo que hoy en día hay demasiada necesidad como para luchar por cosas de las que carecemos de recursos para afrontarlas ya que nos las quitan o nos coaccionan para que no podamos o tengamos un impulso lo bastante fuerte como para llevarlas a cabo.
Esto me lleva a concluir con que, en estas fechas me he vuelto a dar cuenta, pero ahora más si cabe, que lo que más me estimula para realizar todo es el amor. Y es que es lo que debería mover el mundo y a las personas, no los intereses y el dinero.
Este es un detalle intrascendente y a mi parecer innecesario, pero este mes, por venir a ver a los míos tan solo poco menos de dos semanas, voy a renunciar a un buen pico de dinero de mi salario extraordinario. No es un dato que echo al aire para recibir medallitas porque así es la vida y obviamente no seré el único, pero es un dato que ahí dejo.
Si en vuestra visión a ojos de lo que no conocéis soy tan consumista como aparento, podéis seguir acribillándome con argumentos que distan bastante de la realidad que no va más allá de vuestra opinión inmunda, que yo seguiré sabiendo lo que realmente necesito. Y el dinero en mi casa es algo que hace y ha hecho falta desde hace tiempo, pero es menos importante que otras cosas de mi vida.
Aprovecho para finalizar con eso, con esa mierda de la que tanto me gusta hablar y a la vez detesto, pero que es lo que me mueve a hacer lo que me apetece verdaderamente.
Y es que, bueno, no soy alguien al que le guste pretextar las personas que llegan bien adentro de su pecho, pero, dejando a un lado a mi familia y a mis amigos, que sobradamente sé y saben lo que les quiero a cada uno, quería concluir con el amor que lleva años quemándome profundamente sin motivo aparente o con alguno que no llego a cavilar.
Empecé el año ilusionado con una persona y he terminado ahogándome con otra. Ese sería el resumen superfluo que hace que analice lo que da de sí un año, las vueltas que da y que, realmente, llegue a la conclusión de que no puedes plantearte cosas que van a venir de manera espontánea y sin saber cuándo a tu vida.
Es poco habitual que las personas lleguen aquí dentro de una manera que no lo suele hacer apenas nadie. Debo tener mi coraza, mis experiencias y bien claro lo que quiero para compartirlo con alguien, pero a veces es inevitable que alguien termine por derribar mis mitos.
Soy una persona normal, que también hace las cosas cuando le apetecen y no solo en ambientes hostiles y porque se sienta obligado a hacerlo, porque a mí esa mierda no me aporta nada, pero sí, también hago las cosas que aborrezco como vosotros. Soy básico en ocasiones, soy uno más, soy de carne y hueso y me surgen necesidades. Pero habitualmente no me excedo en caer en esas banalidades porque no me gustan. No me gusta parecerme a vosotros.
Es chungo eso del amor y la confianza mirando alrededor y en lo que hemos convertido a la sociedad. Aun así, a donde quiero llegar es a lo de siempre. A que a mí lo que realmente me hace sentir vivo es lo que me hierve. Lo que me duele, me penetra y hace que dé vueltas mi cabeza durante 24 horas.
Lo dicho: empecé el año ilusionado con alguien que mantenía mi cabeza dando vueltas cual tiovivo a lo largo del día. Mas aún cuando la tenía que ver a diario. Por circunstancias, las cosas se evaporaron y esa persona terminó llenándome de otra manera que ahora agradezco.
Ahora, tampoco encuentro una palabra coloquial que encaje en un sentimiento predeterminado ni quiero indagar en un tema que quien sabe de mí ya conoce y lleva arraigado a mi persona desde hace un año...
Podría decir que, en cierto modo, me he vuelto a enamorar de la totalidad en conjunto de varios aspectos de una bellísima persona, de las que a mí me revuelven por dentro y después de tanto tiempo, de otra persona distinta a la mencionada anteriormente, y mira que sería jodido después de todas las personas que han intentado llegar aquí desde entonces, que lo hubiese hecho de algo tan parecido pero a la vez tan distinto a lo que hace años me destrozó.
Podría decir tantas y tantas cosas y ni me acercaría a lo que realmente ha sido o es, que me da miedo adentrarme en meterle calificativos a eso. De hecho nunca los tuvo.
No puedo sentir algo tan profundo por un ser que no existe o que depende más de mi imaginación que de la propia realidad. O sí, es que de veras que ya no lo sé ni quiero saberlo.
He llegado a pensar que he terminado así porque, como a la única persona que llegó a hacerme sentir meramente parecido la conocí y traté en una situación tan opuesta a la vez que similar, intenté querer reanimar aquella experiencia para solucionar problemas intrínsecos de aquello más allá de dedicarme a apreciarla a ella.
La verdad es que todos esos supuestos que vagaban por mi cabeza, vete a saber tú por qué, ya no me importan.
El amor es lo que mejor resumiría mi vida desde hace varios años, desde que mi vida pegó un giro brusco de 360 grados: el amor hacia las personas, la vida, las cosas, el desamor...
¿Y qué si lo he vuelto a hacer? 
No es algo que me atormente. Qué diantres, eso es lo que me repito día tras día, pero para qué engañarme: sí, me atormenta mucho sentirme así.
El amor ni se elige, ni se rige, ni se dirige por nada, y eso es lo mejor y peor de todo. Lo mejor mientras perdura y lo peor si se esfuma.
Diría que he vuelto a sentir por lo desconocido, por lo banal, por lo imaginable, por lo que hizo desenamorarme de la vida un día y, una vez más, ha hecho que llegue a lamentarme y desgañitarme pensando en lo injusta que resulta la misma.
He intentado forzar las cosas. Las cosas que no forcé yo y a las que tenía miedo de adentrarme pero aparecieron por el camino de una manera apetecible. A volver a ganar algo que perdí hace mucho y no quiero recuperar. Porque no me gusta entregarme. No me gusta desnudarme. No me gusta dejarme llevar por lo que quiero. No de esa manera. Porque sé que cuando más confiado y a gusto estoy, las cosas se me escapan y me dañan, y al final termino haciéndome daño de todas maneras por tomar decisiones.
No me gusta ser feliz, o no de la manera que vosotros entendéis la felicidad propiamente dicha. No me gusta ser como todos. No me gustan las relaciones superficiales ni clásicas, ni llenar vacíos ni necesidades inmediatamente. No me gusta el mundo tal y como está montado, pero no puedo quejarme porque no debo ser el único. No me gustan muchas cosas pero convivo con ellas. Y al final por no gustarme tantas cosas no me gusto ni yo.
Me encanta hacerme el tonto, indagar en la intelectualidad de ciertos aspectos de los seres que se escapan de la mayoría, exprimir a quien sé que puedo de una manera que permite que me divierta sin hacer daño a nadie, pero desgraciadamente, cuando me meto mucho en el papel, eso me lleva siempre a volver a mi ser detestable, a mi egoísmo, a los celos, en vez de querer a esa persona como se merece y, como en esta ocasión, disfrutar de la situación que la vida me tenía preparada de nuevo.
Solo por eso pienso que valía la pena. Por ser capaz de matarme como muy pocas personas saben.
Llegué otra vez a lo que no quiero, a dejar de entender todo, a desconectarme y a destruirme como tantas y otras veces.
Tuve que escapar a pesar de que no fuese lo que más me apetecía, pero me sentía como si me estuviesen tomando el pelo.
Para mí era complicadísimo volver al principio, a tomarnos las cosas con calma y a jugar de manera silenciosa.
Quería correr y forzar las cosas, insisto. Y esa no es la manera de querer a alguien.
Por eso decidí irme. Por eso y muchas otras cosas que me disgustaban y no podía conseguir de ella.
Quería darle una libertad a esa persona pero que fuese para mí. Y eso, estando tan lejos, no es algo que sepa ni quiera volver a hacer.
Tengo a personas en la distancia a las que quiero, pero no de esa manera que estaba empezando a sucederme de nuevo.
Intento adaptarme pero no me sale. Me quiero solo, y quiero a los que me quieren conmigo, pero a veces dejo ir cosas, situaciones y personas que deseo y quiero, para vivir más tranquilo pese a que me fastidie porque no veo más soluciones.
Fastidiosamente sí las veo. Iría a verla. Haría mil cosas, pero no siento que deba por lo que yo haya o no recibido, o que el miedo que nos envuelve hoy en día me atemoriza a realizar las cosas que desearía a pesar de que me muera de ganas de hacerlo.
Soy así de ridículo, pero sé que es lo mejor que pueden hacer las personas por ellas mismas antes de destruirse conmigo: alejarse de mí.
Sé quién congenia conmigo, quién me merece y qué merezco de sobras, y no me gusta probar las cosas por ver qué sucede. A veces porque lo detesto, otras por cobarde y por miedo, otras porque simplemente es la mejor opción a largo plazo.
No es que vaya despechando a las personas que quiero, pero no dudo en distanciarme a mi manera de lo que no cuadra en mi vida en ese instante concreto.
Y así voy, una tras otra, dejando escapar lo que me conviene por mis fallos internos y el desencanto que padezco por la gente y los sentimientos cada año a mayor escala. Porque no me gustan como están pintados, no me gusta el funcionamiento de los mismos, porque ni yo me aplico lo que desearía.
Esta mierda no la entenderéis si no habéis vivido situaciones similares y porque solo me llena a mí, pero cuando sufres un ligero "deja vú" de una cosa que en el pasado te dañó y a la que no te atreverías a volver y vuelves, perfeccionando esos fallos, o te aporta cosas positivas donde antes no eras capaz de hallarlas, debe significar algo. Debe significar algo el hecho de que alguien anule tus barreras y miedos anteriores, tus experiencias negativas, y sepa convertirlas en irrelevantes, aun sin haber estado en mis cualidades óptimas del todo. 
Pero, he vuelto a fingir lo que no soy solamente para alejarme de ella, porque no me sale rentable convivir con sentimientos negativos que yo me genero al no poder sentir los positivos a diario. Y me da mucha pena. Por mí y por ella.
He vuelto a caer desde lo más arriba, y os habéis dedicado más a hablar de mis apariencias que de saber mis heridas o molestaros en conocerlas. Pero ya me he encargado de colocar a cada persona en el lugar que le corresponde una vez más. Y orgulloso estoy de que sean pocos los que sigan conociendo una mísera parte de mí. No me cansaré de decirlo.
A mí, aunque no lo parezca y sea irónico, las redes sociales me la comen bastante, porque no me cansaré de repetir tampoco que distorsionan la realidad.
Me la suda el contenido, los comentarios y todo lo que las envuelve.
No suelo publicar mi vida personal, o al menos no solía a esta escala que no es ni una tercera de la tercera parte de lo que me sucede ni de las personas con las que paso las horas. Porque escasamente subo lo que hago más allá de mi persona y sus "cafradas", mucho menos de momentos que prefiero disfrutar acompañado antes que de compartirlos con desconocidos, solo que en ocasiones me apetece ser uno más como el resto para no alejarme tanto.
Algunas ya he dejado de utilizarlas, otras estoy volviendo a hacerlo y otras las uso y abandono a rachas. Según me dé. Pero siempre regido por mis principios, los cuales se pueden alejar más o menos de lo que a mí me apetece a raíz de cómo me encuentre en ese preciso instante y más, si este año he pasado la mayor parte de él desconectado de las tecnologías por mi pasión por destrozar y perder móviles en condiciones de ebriedad y, las pocas fotos que me han hecho y me he podido hacer con quien me salía de los mismísimos, he preferido guardármelas a excepción de las que me ha dado la gana subir. Los momentos me los llevo en la retina y en en el corazón, que ahí es donde puedo guardarlos eternamente.
En conclusión, sé que me he desviado bastante del tema inicial y que suelo ser repetitivo año tras año con sus pequeños matices, pero es que no cambio tanto a pesar de todo en 365 días. 
A parte de que ya sabéis que cuando me pongo a hablar de lo último me enredo de una manera que, al no saber exteriorizar como me gustaría que entendierais, me pierdo.
No vine a contentar a nadie, así que esto ni si quiera es un resumen de mi año, apenas de una leve parte de mi pensamiento y los últimos meses generalizando lo más destacable, porque para detenerme en verano y en otros momentos ya tengo otros escritos, y este ni si quiera me apetecía compartirlo con los míos.
No obstante, tenía que manifestar mi predilección por las letras hasta el último día de este curso. Tenía que escapar de vuestros deseos y felicitaciones surrealistas de "Navidad" y año nuevo que os afloran de la imaginación a todos por igual en estos instantes. Tenía que ser yo. ¿Qué esperabais? 
Y si todavía seguís esperando algo de mí que no os debo: que empecéis bien el año y que disfrutéis de estos días, es lo mínimo que puedo decirle a un desconocido que se toma la molestia de leerme.






viernes, 4 de noviembre de 2016

Me echo de menos (algún día lograréis entender una tercera parte)

Relatar las siguientes líneas no va a ser una tarea sencilla.
Debo desnudar a mi intelecto una vez más, resumir y, a su vez, hacer acopio de lo bueno y lo malo de todo lo que quiero expresar, intentar explicar el ser consciente de todo lo positivo y negativo y, aun así, haber cedido en ocasiones ante mis impulsos inmaduros, mas a pesar de eso, disfrutar todo ello porque por dentro me he sentido como si viviese una segunda niñez desordenada. 

Debo detallar esa ambigüedad de una forma más o menos entendible siendo consciente de la delicadeza que concierne el tema para no ser malinterpretado.
Esto es un intento de refrendar una serie de acontecimientos en contra de mi voluntad que, a la larga, han terminado siendo aceptados por mí, mas de todas formas, siguen creándome un sentimiento contrario o de posterior arrepentimiento una vez realizados.
Partiendo de la base de que las palabras tan solo son palabras y dependen de la interpretación de cada uno gracias a los sentidos, voy a desmenuzar lo que me acontece durante el último año y que cada cual lo interprete como desee.
La gente que me conoce íntegramente, que no es la que comparte mis días generalmente, sabe cómo es mi manera de sentir, ver y vivir la vida. Quien me quiere y comprende una mísera parte, entiende lo que escribo y digo, entiende que pueda hablar de amor presente y pasado a la vez sin parangón ni resquemor, que pueda hablar de cosas vividas hace años o hace tres días y entiende mis comentarios a raíz del contexto por eso mismo: porque me conoce. 

De ellos son los únicos comentarios positivos y negativos que me importan y valoro.
Quien entiende mi modo de existir es quien permanece a mi lado. Es quien sabe el motivo por el cual hago/escribo/digo lo que hago/escribo/digo y entiende que pueda hablar de cualquier cosa sin tapujos.
Por ejemplo: cuando hablo de todo tipo de amor y desamor; independientemente de que tenga pareja o no y de que me salte unos límites éticos estipulados en la cabeza de cada uno. Pero a fin de cuentas, quien me comprende ligeramente o intenta hacerlo es quien entiende mi "modus vivendi".
Quien me quiere así es quien realmente me aprecia porque entiende medianamente mi filosofía de vida. Entiende que si soy así es por algún motivo, y es por ello que, pese a que me rodee de bastantes personas a diario, pocos son los que realmente me llevo en el pecho y en los que pienso antes de acostarme. Por eso, por encima de todo, estos a los que me refiero, saben que mi teoría sobre la vida es vivir libre y sin ataduras, poder decir y hacer lo que pienso y quiero en cada momento y guardarme lo que no considero oportuno.
En algunos casos he debido sortear algunas normas ya que mis pensamientos no concuerdan con algunas leyes absurdas e ilógicas que persisten en la actualidad. 
Pero, ¿qué no es absurdo e ilógico hoy en día en esta sociedad de mierda? 
Digamos que me he hecho a mí mismo también algo anarquista; mejor dicho: la televisión, los medios y la humanidad actual con la que convivo, me ha hecho hacerme así por desprecio y odio (que es lo que fomentan actualmente)
No ceso ni he cesado en luchar por mis principios y creencias internas por muchas veces que me haya despistado algo del recorrido y salido de mis pensamientos éticos o funcione al revés de lo que predico día tras día. Todos somos así en algún momento; ya sea en la intimidad o con el descaro de ser públicamente así sin complejo alguno ni remordimiento. 
La desvergüenza está a la orden del día y se convive con ella como se puede.
No todo tiene que tener sentido en esta vida. Tan solo debe tenerlo para ti y reforzar así tu paz interna dentro de tu propia realidad, y encauzar tu vida de una manera correcta en tu visión humana.
Lo que diga el resto es ignorante. Será contradictorio porque la gente, insisto: son experiencias que nunca, ni por muy parecidas que sean, van a ser exactas a las tuyas. 
Por lo tanto: nunca vas a pensar exactamente igual que nadie ni ellos que tú y, aun así, tú vas a tener la verdad de tu propia razón y los demás de la suya.
Eso no me impide asumir que durante este último año me haya perdido por el camino más de la cuenta, ni tampoco me siento obligado a pedir disculpas a nadie por haber ganado otras muchas cosas positivas desviándome sumido en un tanto de hipocresía en ocasiones.
Me he vuelto a sentir libre, a recorrer las calles del barrio de una manera que me disgusta pero me permite pasarlo bien.
He pasado noches deambulando, acompañado de los míos, haciendo locuras al margen de lo "correcto".

He vuelto a sacar a relucir una parte de mi 'yo' de antaño, a ser un hijo de puta dentro de una sociedad de pandereta, cosa que dentro de esa misma ambivalencia también me entristece. 
He cedido en ocasiones ante mis demonios a causa de otra pequeña depresión. He vuelto al agujero, una vez más...
Soy un niño maduramente inmaduro y grande.
Soy experiencias.
Soy tan fuerte e inteligente que a la vez soy débil mentalmente por no querer adaptarme.
Cada año vuelve a superarme el pavor y me empequeñezco ante las adversidades. Y caigo. Siempre caigo en mi querido bucle.
Ahí estoy, intentando escapar una vez más, y así poder poner en marcha mi funcionamiento al máximo potencial. Como hace un año. Como he hecho muchas más veces.
Me repito que no es tan difícil día tras día...
He vuelto, entre otras cosas también aunque en menor medida, a aquello de lo que me costó tanto salir hace muchísimos años: a las drogas. A lo que un día fue mi talón de Aquiles.
No me avergüenzo. Es más, creo que he sabido llevar el tema de una manera más o menos adecuada.

Dicen que las recaídas son altamente probables, y que son peores que la primera vez y difíciles de controlar sobre todo por las personas inestables, pero creo que no considero que me hayan absorbido hasta el punto de volver a crearme una dependencia.
Lo único que han hecho es aumentar mi nivel de desgana. Y esa mierda tampoco es que la quiera.
No me cuesta ni ha costado decir que no ni dejarlo cuando no me ha apetecido, pero mi cerebro a veces buscaba un impulso artificial para intentar esclarecer este puto mundo entre otras cosas y, qué coño, a veces me apetecía hacerlo porque sí. 

No vamos a ser ahora más exquisitos que nadie cuando casi todo joven (y no tan joven) alguna vez lo ha hecho, y más ahora que las drogas están cada vez más integradas en esta sociedad y los chavales empiezan antes.
Somos mayorcitos para saber de cada cosa lo que es bueno y malo, y mejor que eso: cada uno es puramente libre para hacer lo que le salga de donde le quepa. Y yo no voy a ser menos.

No quiero dejar el tema atrás sin mencionar que esta vez no he llegado a rozar las "drogas duras" ni aun teniendo colegas que se meten y habiéndolas tenido a 10 cm de mí. 
He aprendido un montón de cosas sobre las que creí que nunca más hallaría interés.
Sirven para poco para labrarse un futuro, pero son más que útiles en ocasiones.
He aprendido y reaprendido de jóvenes y he rememorado la nostalgia de vivir algunas cosas. Y, quién soy yo para decir nada si soy el principal culpable, pero quizá tenía que volver a eso un tiempo. 
La edad es relativa y subjetiva. 
La medida está dentro de la capacidad mental, y la mía, en depresión, es totalmente opuesta a cuando estoy bien y mi físico también lo nota.
Me he levantado infinidad de mañanas, me he mirado al espejo últimamente envuelto en una falsa sensación de felicidad, y me he repetido: "esta no es la mierda que querías ser y por lo que has luchado tanto".
He perdido potencial, capacidad intelectual y memoria por volver a esto. He seguido jugando a lo mío pero me he estancado en algunos tramos casi dejándome vencer por el resto en alguna situación. Y ahora eso me está pasando factura.
Esa no es mi partida. Yo era mucho más perspicaz, pero eso me pasa por desentrenar las cualidades y lo que sí es necesario y potenciar mierdas que sirven para otra clase de vida que yo no merezco.
Debo volver a mi vida. A lo que me toca. A sentir interés por las cosas que apreciaba y me fascinaban porque lo he perdido.
Es realmente complicado reconducir a tu cabeza por donde oscilaba pero no recuerda como recorrer...
Así que, tal vez sean difíciles de entender muchas cosas, y, seguramente, de no haber recaído en mi amado bucle, hubiese sabido cómo lidiar otras situaciones que ya sabía cómo tratar.

Seguramente sea increíble para algunos el entender que haya disfrutado de esto: de haberme sentido inmaduro y apreciar una depresión constante. 
Es mi burbuja, mi bucle, y ya nos conocemos de más de un par de veces. Pero se acabó. Debo volver a mi ser un tiempo (o al menos eso me digo desde que partí de allí)
Poco a poco me voy reencontrando aunque a veces el entorno que no sé cómo ni tampoco quiero dejar atrás en parte no ayude.
Pero, volvieron Le Duifet y Kase.O, no lo voy a hacer yo...